La proximidad de la Navidad nos ha hecho pensar en una iniciativa novedosa de formación para convocar a nuestras familias: organizar una sesión donde relacionar mindfulness y chocolate. Como suena.
Combinar su práctica con el disfrute consciente del chocolate podría ser una experiencia gratificante y otra sesión para propiciar el bienestar de todas ellas.
Dicho y hecho, nos hemos puesto manos a la obra. Hemos preparado un espacio tranquilo en nuestra biblioteca para sentarnos cómodamente y poder mantener una atención plena. En ese ambiente relajante, nos hemos demorado observando con detenimiento las formas de la onza, oliéndola, tocándola despacio y saboreándola con deleite.
Al final, hemos reflexionado sobre la experiencia y las emociones que hemos sentido en la práctica. Sorprendente.


